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Marga-L

Un texto de la poeta cejeña Marga López sobre la obra de Bella Clara Ventura

En su poema HASHEM, Bella Clara nos trae esta conjunción de dos palabras, equivalentes a una hierofanía, -manifestación de lo sagrado-, surgida en cada montaña del planeta, y además, con esa sonoridad tan sublime de la palabra Himalaya, ya en sí misma, la poesía.

Esta imagen está contenida en toda la obra; contemplamos una cordillera de silabarios que amanece rosada y azul, al iris del sol primero, como una de las visiones más conmovedoras y alucinantes del mundo, cuando, antes del alba, el avión levanta vuelo desde Katmandú.

El origen del libro, visible en una de las estancias, se halla en el poema AROMAS, donde la abuela enseña, desde su cocina de alquimias y alambiques, algunas quimeras -palabra que se pasea por ciertas páginas, como un asomo de león y dragón de fuego -, y hace real, ayudada de su hija, la madre de Bella, un bálsamo que se esparce por todo el poemario y lo convierte, de súbito, en un jardín interior concebido para una niña que se pregunta por el olor y el sabor de la poesía.

A qué puede oler este idioma creado por ella, con algunas palabras elegidas entre tantos abecedarios disponibles . Y nos preguntamos lo mismo y se nos ocurre sólo, la palabra que todo lo abarca, la que nos engloba y santifica: la palabra Universo. Esta obra huele a tomillos y malvarrosas intercalados entre esas cinco sílabas.

“Entra en el sonido de tu nombre, y oirás el Sonido del Universo”.
La profundidad de este maravilloso koan de la filosofía Zen, nos abre un portal para hallarnos en los sonidos ocultos, de nuestros nombres. Bella Clara logra cumplirlo, como pocos poetas, y se adentra en su nombre y en sus orígenes en uno de los poemas imprescindibles de toda su poesía. El poema es su venia ante la vida y alcanza a la palabra Ventura, como una virtud de alegría. Se aconseja cantar cada sonido, ojalá al aire libre, como si fuera un mantram hacia los astros y se perdieran los significados amparados por la lógica, hasta hallar el sonido primigenio, más allá de los límites del conocimiento.

Bella ha creado un cosmos habitado en cada poema, como una casa donde gravitan las palabras. Hay bisagras, aldabas y mapas, ocultos al reverso de cada línea o bajo ciertos intervalos.

Pródiga y sabia, nos indica los muelles y praderas del lenguaje.

Así, de página a página, sentimos la fulguración, palabra que elige Bella para definir su alma.

Cada poema es rayuela y ventana y horizonte de deslumbramientos.

Una mujer deseosa de aprender de revés, niña que mira el mundo a través de las hojas. Y ahí aparece una de las filosofías fundamentales de la obra, la de la niña interior que sale y sabe abrir la puerta para ir a jugar, como en el estribillo de la infancia. Una niña dolida, suspendida en una butaca y en su silencio, se encuentra a sí misma en las esencias de la alegría, aprendida en los aromas de la abuela y en el juego, bien serio, de vislumbrar el poema.

Cette fille, heureusement bénie, également grand-mère, mère et sœur, parcourt les millénaires des femmes ancestrales, aussi belles à travers sa maison, elle aussi claire et ancienne. C'est ainsi qu'on la voit toujours, la voyageuse, celle qui chante et voit des cieux violets dans ses paysages peints comme des mirages d'étoiles.

Una de las virtudes sustanciales del poema, es volver a la primera mirada, la de la inocencia y el asombro, ese zurcir voces al fondo del océano, como lo dice Bella en su poema dedicado a las honduras de la palabra, objeto del poemario.

El agua en todas sus formas atempera este libro, como si fuera un estanque de nenúfares en Giverny.

Cada hoja es una amonita que nos guarda en alguno de sus pliegues.

La niña canta y defiende su alegría: Me subyuga poder vivirme en alegría, y luego le habla a la Dama Del Regocijo, recomendándole que no se confunda de ritmo ni de rumbo, porque su esencia desemboca siempre en el corazón de la niña y allí permanece, como en su trono por derecho.

Entonces la niña sale al recreo y aprende a cantar más allá del dolor; porque todo lo que se canta, queda en-cantado, transfigurado.

Este libro nos transfigura y nos pinta un cielo de rayuela o golosa que nos espeja. Aquí la tristeza se vuelve un brillo.

La alegría de vivir es inmensurable conquista, nos dice en su poema FE. Siempre Bella es Ave Fénix y así nos ofrenda los dones de su vuelo.

Hay dos poemas islas, tan fieles en su brevedad, los dedicados al padre y a la madre.

En el azul de sus ojos, el mar de África

Cada verso logra hacernos ver a un marinero, un Odiseo, desde los espacios y mares invisibles de la casa. Todo se vuelve bahía o puerto, en algún recodo del Mediterráneo.

En el poema dedicado a la madre, aparecen jacarandas de un íntimo vergel, esta palabra tan ingenua, vergel, se crece y expande y toma un globo en la Capadocia, como una flor, o una blancura de sol que desciende en los lagos azules de Pamukkale.

La madre permanece en la fiesta de la palabra albricia y el corazón de un venado nos la refleja en lumbre permanente, velando mientras Bella duerme, como en el verso inmortal: “Dormía yo, y estaba mi corazón velando” que aparece en el poema de amor, más bello de toda la poesía universal: “El Cantar de los Cantares”.

Todo el poemario es un jardín vivo, esta palabra lo signa, como una prefiguración de paraíso, un edén abierto, un oasis, un Shangri – La.
El jardín es imagen de un Carmelo, un Carmina, un canto; caminar por sus senderos es hallarse en sosiego, en umbrales de visiones, en habladurías antiguas con pistilos y corolas.

Y llegamos al poema que nombra este libro. Bella pensó en la palabra sendero, en la palabra misterio y se decidió por el milagro. ¿Qué haría el milagro sin nosotros?, se pregunta en un poema la poetisa cubana, Dulce María Loynaz. Y es verdad, el milagro existe porque creemos que sucede. El concepto de lo milagroso es posible en la confianza de nuestras manos para recibir su gracia.

Sí, cada palabra es un milagro de milagros, una galería de muchos espejos, dispuestos de tal manera, que nos reflejan y multiplican en su caja de prodigios. Podemos leer estos poemas de abajo a arriba, para hallarles otras figuras que surgen como enmascaradas de Venecia, o abrir el libro al azar y aprender la palabra que el día nos regala, en las miles variantes de sus enigmas y atreverse a indagar el himno interno, la fronda invisible.

Por eso en este libro campea la luz y el goce del bendecir, disfrutar la lluvia en la llave de la letra elle y saber que un laberinto es una dimensión del alma; indaga en la onda de una poeta nombrada con tanta admiración, Raquel Jodorowsky, con quien Bella se sube al árbol a ser rama, cumbre y raíz.

Hay un poema que sorprende por la esplendidez de cada imagen para definirla, es el poema: VAGINA, de los mejor logrados del libro. Alcanza tonos de adagio, crescendo,currulao o mapalé, en su música ostensible.
“Vahine”, significa mujer, en la Polinesia, así todas danzamos, como luciérnagas, en el “bosque de luces”, que Bella nos enseña, a mirar diferente, con caperuzas rojas, y todo.

Igual, otro de los poemas más sobresalientes, es AUTORRETRATO, por su coraje y osadía para decir lo desnudo, solo vestida del tono auténtico de las mujeres que pinta, posee un aire para cantarse en la lágrima viva y en el dolor guardado como fiel fantasma.

Ese algo de la vida y de la muerte presente en los días que faltan por vivir; y al mismo tiempo, ese resplandor de gratitud que hace florecer cada verso.

Bella Clara es fulgor, fuego vivo de estrella madre, ese sol antiguo que aún nos perdura en el plexo solar, esparcida en aromas, desde la casa de su infancia.

Hacerme a la semejanza que la estrella me ofrenda en la palabra, milagro de Ser.

Celebramos este poemario, con una copa de vino Chateau Ventura, luego de ascender al Sagarmatha o Chomolugma, -nombres reales del Everest, en Tíbet y Nepal -, en uno de los portentosos ocasos del Himalaya.

¡Buen viento al hacernos a la mar milagrosa de la lenta lectura!

¡Gaudeamus! Alegrémonos por la aventura en azul navío, de nuestra maga palabrera.

Un último secreto, la palabra mejor guardada en este libro, es la palabra CORAZÓN, se la van a encontrar por ahí, por las dunas luminosas y sombreadas de este Sahara con luna bruna.

Cuando se la encuentren, imaginen que el corazón es otra casa en el árbol para habitar, un libro de páginas santas, donde hay una válvula lunar, y en donde, según Leonardo da Vinci, nacen las lágrimas. Sin embargo, la risa tiene su origen cerquita, en un paraje de la laringe al labio, junto al paladar de cielo perfumado.

Ahí es donde Bella Clara Ventura, halla las vocales felices y ascendemos con ella al verbo sustantivo del libro, en el esplendor sagrado del lenguaje, al este del Himalaya.

Maga de la Mar.
Febrero del año del Lince Boreal.
Casa de campo Miraflores.
Oriente de Antioquia.